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Durante la pasada Asamblea General, en la que dedicamos un tiempo a recordar a nuestros compañeros fallecidos, leímos un breve texto que nos hicieron llegar algunos Administradores Civiles del Estado que tuvieron la oportunidad de trabajar con Martina Cases Ponz, de la primera promoción, y que queremos compartir con aquellos que no pudisteis asistir:

"Conocí a Martina en mi primer día de trabajo tras el ingreso a la función pública por el cuerpo de Administradores Civiles del Estado, al que ella también perteneció. Fue en la sede de la calle de los Madrazo del Ministerio de Educación. Trabajamos juntos durante cuatro años intensos y mantuvimos nuestra amistad a lo largo de 27 años a pesar de que mi carrera se ha desarrollado fuera de España desde el año 1995.

Con Martina aprendí que la función pública no es solo un trabajo, sino también un servicio y sobre todo una misión. De su conciencia misional se desprendían dos fuerzas que convivían en ella y explicaban su carácter:  su vehemencia y su racionalidad, la acción transformadora y la norma. Fue una funcionaria apasionada que no sabía hacer si no creía en lo que hacía. Trabajadora incansable, tenía una capacidad natural para comunicar sus ideas en público de forma llana y didáctica. Su prosa era precisa, meticulosa, casi quirúrgica. Sabía encontrar en sus colaboradores aquellas cualidades que los hacían buenos para algo, y las hacía crecer. Así construyó un equipo comprometido y responsable, celoso del trabajo bien hecho.

Nuestra amistad se fraguó en las muchas horas de trabajo en común, en los desayunos en el Suecia y las comidas en el Ábaco. Y después, cuando ella fue destinada a París y yo, un año más tarde, a San Salvador, continuamos alimentando esa amistad con largas llamadas telefónicas y encuentros recurrentes en Madrid durante las vacaciones. Su amistad era absoluta e incondicional, construida a partir de visiones compartidas sobre la vida, el mundo y la justicia; respetuosa con un amplio espacio de intimidad que era el sitio del otro.

Hoy que te has ido a ese silencio lleno de interrogantes no me puedo acostumbrar a que no estés".

Alfonso Aisa Sola, XXVI Promoción del CSACE

 

"Trabajé, junto con otros compañeros, en el Ministerio de Educación y Ciencia con Martina Cases, siendo Subdirectora de Régimen Jurídico de Centros, entre noviembre de 1991 y abril de 1993, momento en que fue destinada como Consejera de Educación en Francia, siendo Ministros primero Javier Solana y desde junio de 1992 Alfredo Pérez Rubalcaba. En ese breve pero intenso periodo de tiempo, en el que se estaban implantando las nuevas enseñanzas derivadas de la Ley Orgánica General del Sistema Educativo (LOGSE), de 3 de octubre de 1990, y los Centros docentes debían adaptarse a los nuevos requisitos, supo inculcarnos su profesionalidad y rigor jurídico, así como un espíritu de trabajo en equipo ilusionante y comprometido, creando a la par en su unidad un excepcional ambiente de trabajo y complicidad poco habituales.

De aquellos días, no obstante nuestra diferencia de edad, surgió una leal amistad que ha perdurado a lo largo del tiempo, a pesar de que en los años sucesivos tanto Martina como los compañeros que trabajamos con ella seguimos caminos muy diferentes en nuestra carrera profesional, lo que supuso en ocasiones mantener el contacto en la distancia y más esporádicamente.

En todo caso el recuerdo con nostalgia de aquellos años compartidos me ha acompañado (y me acompañará) siempre en las nuevas tareas profesionales que me ha correspondido desempeñar en la Administración Pública".

Juan Ignacio Cabo Pan, XXVII Promoción del CSACE

 

"Recuerdo que el día que conocí a Martina, joven Administrador Civil del Estado recién ingresado en el Ministerio de Educación y Ciencia, me preguntó de sopetón qué pensaba yo de la educación pública, pues para trabajar en aquel Ministerio era necesario creer en ella. Sin saber muy bien qué decir, respondí que había elegido aquel destino entre otros posibles precisamente porque creía que “la educación es la madre del cordero”. La carcajada que siguió inauguró dos años de intenso trabajo y colaboración en un equipo que, sabiamente dirigido por ella, contó entre sus miembros con Alfonso Aisa Sola, Juan Ignacio Cabo Pan y Arturo Otiz Arduán.  De Martina aprendí que para ser un buen funcionario y aportar algo de valor añadido a la sociedad, es conveniente, incluso necesario, sumar la ilusión al rigor profesional.  Con el pasar de los años, también comprendí la importancia de alentar  esa narrativa común que, a pesar de las personales visiones de cada uno, está en la base de la convivencia, la creatividad y la solidez de los países más maduros. Si se miden los grados de autenticidad y de sinceridad de sus pensamientos y de sus actos, creo que Martina fue, para muchos de nosotros, una leal compañera. Para mí, fue también una maestra y una amiga".

Ignacio Moreno Gozálvez, XXVIII Promoción del CSACE